El amor no es la hostia

Posteado el 17/03/2010 por admin

Por Isabel Ginés

En estos últimos tiempos el problema del maltrato de la mujer no es que haya surgido con más fuerza, es un problema que siempre ha estado en vigor, pero ahora le prestamos mas atención por sus cifras alarmantes.

La conciencia de la sociedad sólo se despierta por dos estímulos: ofrecerle las noticias duras y directas, darle la información varias veces aunque al final, de tanto ver lo mismo, no se le haga tanto caso.

Las víctimas de maltrato doméstico no son cifras, estamos hartos de ver miles de cifras en la televisión, no sabemos su tormento, los antecedentes, seguro que si a la gente se le da una pequeña muestra de su infierno vivido antes de acabar muerta trágicamente, esto marcaría más y el caso sería mayor.

Una piel blanca teñida de morados o heridas, causadas por su propia pareja, es un hecho que debería estremecernos cada vez que ocurra, el “para mí o para nadie “ que comienza con bromas que luego van a golpes sin destino, golpes por un cuerpo frágil , golpes que humillan y machacan, golpes de la locura a una mujer loca de amor por aquel que golpea o loca de miedo.

Huir es la salida fácil, pero un “no” o un “te perdono” hace que él se sienta con más poder, que él golpee con más impunidad, el último golpe suele ser el más mortal, el de más dolor, aunque ella no va a sentir nada. A ella le espera una caja de donde no saldrá.

Recuerdos… Temblor de su cuerpo cuando él abre la puerta de casa, el olor a miedo y alcohol flota lentamente por la casa, un golpe que mezcla sábanas blancas con el rojo de su dolor, de su sangre, de su mala elección, una suerte perdida, una vida echada a perder.

Son cifras, nos perdemos en números, en decir su muerte como fue, detalles de las cuchilladas, el número de ellas, se saltan el dolor de antes, falta describir que era buena persona, que con su sonrisa iluminó muchos cielos, el coraje que un día mostró, cómo fue su dolor.

Si el dolor se nos plasma, el corazón se encoje, tu piel se eriza y notas tú el dolor, te mueves más, te quejas, haces más, porque no son cifras.

No son cifras como el amor no es la hostia, como en el amor no gana el más fuerte, como en el amor hay límites, como en la vejación hay un fin.

El dolor de ser vejada, violada, manchada, humillada, golpeada… Cuando le quitan la ropa o se la obligan a quitar, y él la penetra, él la toca donde ella no quiere ser tocada, cómo ella se queda inmóvil, ella se deja hacer y él cada vez más fuerte la penetra, más golpes, luego él se queda fumando a su lado, ella tapada con vergüenza, ella llorando y se duerme, porque él aún en sus sueños no puede entrar.

Un sueño, como un sueño de que acaben las muertes violentas a mujeres, se hagan penas más duras, tengan más mujeres valor de denunciar, sueños como el sueño de no ir a más cifras, como no ser una cifra ni ser el amor hostias.

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