
Por Isabel Ginés

Una práctica que ocupa poco sitio en los medios pero sigue siendo una grave aberración en el mundo son las lapidaciones.
Actualmente muchos países del oriente medio siguen practicando como castigo esta cruel práctica, para acabar con la vida de personas.
La lapidación es un medio de ejecución muy antiguo, consiste en que los asistentes lancen piedras contra el reo, hasta matarlo. Como una persona puede soportar golpes fuertes sin perder el conocimiento, la lapidación puede producir una muerte muy lenta.
“Estoy preparada para ser ahorcada pero no deberían lapidarme. Si te estrangulan mueres y ya está, pero es muy duro soportar los golpes de las piedras en la cabeza.”
Khayrieh, mujer condenada a morir lapidada
Las lugares donde se lleva a cabo esta situación es principalmente en África, Asia u Oriente Medio, el país con mas lapidaciones llevadas a cabo es Irán, donde desde 2002 han muerto lapidados al menos seis hombres y una mujer.
Una de las pocas organizaciones que quiere acabar con esta abominable práctica es Amnistía Internacional, Carlos de la Heras nos relató las campañas que llevan a cabo: “Entre las campañas de Amnistía Internacional contra la pena de muerte, y concretamente en contra de la lapidación, destaca la recogida de firmas que la organización ha organizado a través de Internet, y en la cual se han conseguido ya más de 250.000 firmas pidiendo al gobierno iraní que termine de una vez por todas con esta práctica atroz”.
La mayor parte de las personas condenadas a muerte por lapidación son mujeres. Una de las razones es que las mujeres no gozan de igualdad de trato ante la ley y los tribunales, lo que constituye una violación clara de las normas internacionales de juicio justo. Dentro del sistema judicial de Irán, el testimonio de un hombre equivale al de dos mujeres, y para demostrar determinados delitos, como adulterio, el testimonio de las mujeres solas o conjuntamente con un solo hombre no vale como prueba.
El caso de lapidación es más perjudicial para la mujeres por diversas razones, las mujeres también son especialmente vulnerables a los juicios injustos porque entre ellas el índice de analfabetismo es mayor que entre los hombres y, por tanto, son más propensas a firmar confesiones por crímenes que no han cometido. También están más expuestas que los hombres a ser condenadas por adulterio. A las mujeres sólo se les permite un compañero sexual en la vida, su esposo, mientras que los hombres pueden tener cuatro esposas permanentes y un número ilimitado de esposas temporales (sigheh). El derecho de los hombres al divorcio es incuestionable, mientras que el derecho de las mujeres a divorciarse de sus maridos y quedar libres para casarse con otro hombre es limitado. Muchas mujeres no pueden elegir el hombre con el que se casan y muchas lo hacen a una edad muy temprana.
La pobreza, la adicción a las drogas y la violencia doméstica también influyen en que las mujeres sean más vulnerables a la lapidación que los hombres. Así, las mujeres casadas en ocasiones son obligadas a prostituirse por sus maridos para financiar su consumo de drogas, o como consecuencia de una relación abusiva. Si son detenidas, se arriesgan a que las acusen de adulterio y, si son declaradas culpables, a morir lapidadas.
Por último, el mismo procedimiento especificado para llevar a cabo las ejecuciones discrimina a las mujeres. El artículo 103 establece que si la persona condenada logra escapar del hoyo no será lapidada de nuevo si había recibido la condena después de confesar, pero es obvio que para una mujer siempre será más difícil escapar que para un hombre, ya que se la entierra hasta el pecho, y no hasta la cintura como a los hombres.
Aún no se puede hablar de una firme promesa para acabar con la lapidación como dice De las Heras: “Durante 2010 Amnistía Internacional continuará con su trabajo para conseguir el final de este castigo cruel, inhumano y degradante que es la pena de muerte. El año 2008 acabó con una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas en la que se pide una moratoria de las ejecuciones, con vistas a la abolición total de la pena de muerte en el mundo, que fue aprobada con 106 votos a favor.
Durante 2009 siguió aumentando la lista de países abolicionistas, hasta un total de 139. De estos 139, 94 países son abolicionistas para todos los delitos comunes, y 35 lo son en la práctica. Desafortunadamente, miles de personas siguen en riesgo de ser ejecutadas en los 58 países que aún mantienen en vigor la pena capital, por lo que 2010 será un año en el que seguiremos trabajando en contra de la pena de muerte”.
Por ultimo, para lograr la abolición total de la pena de muerte, las autoridades iraníes tienen que promulgar una ley que prohíba esta práctica atroz como pena judicial. Por ello se pide que se anule las lapidaciones hasta que se logre la derogación o reforma del Código Penal. Además, exigen a las autoridades que destipifiquen como delito las relaciones sexuales consentidas entre adultos.










Diciembre 26th, 2010 at 4:23 pm
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