Las princesas Disney

Posteado el 17/03/2010 por admin

Por Mª José Pou Amérigo

Resulta difícil calcular el daño que han causado los cuentos infantiles a la psicología femenina. En los clásicos, las mujeres son los trofeos concedidos al más valiente, al más astuto o al más hábil. Si el príncipe vence al dragón, no obtendrá a cambio una parcela en el reino sino la mano de la princesa con la que se casará sin consultarle y, si la encuentra dormida en medio del bosque y le da un beso, conseguirá que aquella se enamore perdidamente de él, en lugar de abofetearle por abusar de su indefensión.

Ese imaginario de princesa que tanta frustración produce al llegar a la edad adulta continúa perpetuándose entre las nuevas generaciones que juegan a ser princesas Disney. Ya no se trata del tradicional cuento infantil que habla de una realidad ilusoria para una sociedad decimonónica sino todo un merchandising puesto al servicio del consumo infantil a base de explotar su ingenuidad.

Un proceso que, afortunadamente, corre el riesgo de tropezar con la mentalidad de unas madres educadas ya con otras claves y que ha obligado a la factoría Disney a modificar las pautas originales. Así, se han visto obligados a anunciar que su nueva princesa no será una mantenida sino que trabajará. Lo ofrecen como un gran avance aunque el papel de princesa tiene poco que ver con la mujer trabajadora. Pero sobre todo su dedicación profesional obvia el problema de fondo que sigue siendo el mismo: la propia existencia del personaje de princesa.

La princesa es la reina de la escena. Es a la que todos miran y admiran. Es el centro de atención por su belleza, su elegancia y su saber estar. Por eso no se trata solo de un cambio de rol sino de transformar el concepto mismo: la mujer como princesa.

Es la visión que subyace a las reinas de las fiestas locales, a la elección de misses, a los catálogos de bodas o a los anuncios de colonias. La mujer como princesa supone que tiene que deslumbrar, que brillar, que centrar las miradas… y lo peor es que ese principio rige la vida de las mujeres con demasiada frecuencia. No hay más que recordar cómo algunos se rasgaron las vestiduras por la elección de la vicepresidenta de la Unión Europea. Una fea. Una Fiona de Shrek, ¿No habíamos quedado en que la princesa siempre es bella?

No hace tanto que el personaje de Úrsula en la Sirenita le decía a Ariel: “Los hombres no te buscan si les hablas, no creo que los quieras aburrir; verás, que no logras nada conversando al menos que los quieras ahuyentar”.

Sonreír y callar sigue siendo la clave del triunfo. La princesa no ejerce de príncipe. No gobierna el reino. No conquista territorios. No dirige ejércitos. No lucha con dragones. La princesa sonríe. Y calla. No hay más que ver las revistas para adolescentes o para mujeres adultas. El tema estrella es “¿Cómo seducirle?”. Con los trucos de Úrsula. Puro imaginario Disney.

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