Lo que cuesta vivir

Posteado el 17/03/2010 por admin

Por Sergio Parra

Hace algún tiempo que leí el siguiente titular en un periódico: “Cada joven herido por un accidente de tráfico cuesta 2 millones de euros”. Pues vale. Pero cuidadito con ciertos titulares. Porque yo podría, por la misma regla, señalar lo siguiente. A un ciudadano español, por término medio, la Seguridad Social le sufraga el 90 por ciento de sus gastos médicos el último año de su vida. Dicho de otro modo más tajante: costamos muchísimo dinero el último año de nuestra vida.

Es cierto que una mayor concienciación de los peligros al volante (sin olvidar, porque siempre se olvida, la influencia de una infraestructura deficitaria, y ya no digamos la contradicción que supone el permitir la venta de vehículos de gran cilindrada y demás) supondría un menor coste social y económico. Pero del mismo modo, también supondría un menor coste social y económico que los viejos cuiden más de su salud para llegar en perfectas condiciones, casi embalsamados, al ataúd. O, ya puestos, que acabaran por la vía rápida antes de que se cumpla su último año de vida; así la Seguridad Social dejaría de estar en números rojos.

Pero nadie osaría escribir semejante titular. El de los viejos. El de los jóvenes, sí, claro.

Y es que vivir cuesta dinero, mucho dinero. Como cuesta mantener la caterva de fulanos encorbatados que se cuelan por las fisuras burocráticas para vivir la vida padre. Como cuesta no tener acceso a una cultura gratuita, que nos vuelve a todos un poco más gilipollas o más pobres, una de dos. Como cuesta fomentar la idea de que el fútbol es algo más que cuatro orangutanes tras un pedazo esférico de cuero catalizando todos los resquemores políticos de un público botarate.

Pero esta clase de titulares no los he leído en ningún periódico.

Por otra parte, se me ocurre una idea para que conducir un coche, siendo joven e inexperto, no suponga tanto coste económico al Estado: que los fabricantes de vehículos de gran potencia cubran parte de los gastos del accidentado. Sería raro, ¿no? Tan raro como exigir a los fabricantes de cuchillos que respondieran por los asesinatos de los psicópatas que blanden armas blancas. Pero el titular que leí en el periódico hace algún tiempo, reviste una lógica parecida. Así pues, me parece una solución a la medida, digna de otro titular.

Si debemos calmar las aguas y olvidarnos de todos esos posibles titulares, entonces hay que ir con más cuidadito con los titulares que se publican ahora mismo. Porque, además de sentirnos asaltados por la Administración mediante impuestos directos e indirectos (sin contar la estafa que suponen notarios, procuradores y demás ralea), encima parece que debemos sentirnos culpables de cada euro que le costemos a la misma. Por nuestra mala cabeza. Porque somos todos unos soplagaitas sin remedio. Porque no hacemos caso a sus sabios consejos. Porque vivimos demasiado y salimos demasiado de casa, porque hacemos demasiadas cosas, porque fumamos y bebemos, porque comemos lo que nos apetece y no lo que nos recomienda la OMS para dejar un bonito cadáver, porque sólo debemos trabajar y pagar impuestos, sin rechistar, sin drogarnos ni entregarnos a éxtasis dionisíacos, todo aséptico, insípido, incoloro e inodoro. Porque deberíamos obrar como engranajes mansos y perfectos, casi como robots, y así no le costaríamos ni un céntimo a nadie.

Y así Ellos tendrán dinero a espuertas. Y podrán usarlo como les salga de la punta del clarinete.

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