Por Carlos Gonga
El cambio climático es a día de hoy un problema ambiental a nivel mundial, el más importante al que se enfrenta la humanidad, la única con capacidad de raciocinio, pero afecta a todas las especies existentes y por existir en el planeta. Es el conjunto de grandes alteraciones y desastres climáticos ocasionados por el aumento de la temperatura global.
El cambio climático es el trastorno del efecto invernadero por parte del ser humano, ya que malgasta los recursos energéticos del planeta y contaminando por tanto mares, ríos y el aire, emitiendo gases excesivos a la atmósfera producidos por la quema de combustibles fósiles y la tala y quema de árboles, hechos que imposibilitan que la atmósfera mantenga una temperatura adecuada para la existencia de vida en nuestro planeta y aumentan la radiación solar, pues los rayos del sol inciden en la Tierra atravesándola, provocando el calentamiento global.
Cada vez tenemos más dependencia del transporte motorizado por el aumento de las distancias, pero también debemos reconsiderar la dependencia que tenemos por la energía eléctrica. Aunque en el fondo lo sabemos nunca pensamos lo realmente importante que es para nuestras vidas. ¿Qué haríamos si se nos fuera la corriente de luz en nuestra casa y no pudiéramos volver a darla en varios días? ¿Y si no tuviéramos gas? Sólo podríamos cocinar un reducido número de alimentos, nuestras lámparas serían velas, no podríamos ver la televisión, encender el ordenador ni escuchar música… En definitiva, estaríamos medio aislados del resto del mundo y podríamos volvernos locos.
En España se prevé para 2012 el descenso de la dependencia energética, desde el 80% actual al 75% aproximadamente, gracias al desarrollo de las energías renovables, a la mayor eficacia energética y al menor consumo.
Diariamente producimos los gases, principalmente CO2, que causan el cambio climático, bien sea mediante el consumo eléctrico, el transporte motorizado, el aire acondicionado o calefacción, o el simple consumo de productos. Actualmente es altamente necesario en nuestras vidas el consumo eléctrico en todas sus variaciones, pero ante el cambio climático hace falta una concienciación generalista sobre la necesidad de consumo en su cierta medida, de manera ética y solidaria, y sólo cuando aquello que consideramos inconscientemente necesario realmente lo sea.
Muchas veces conectamos la calefacción en invierno sin pensar que realmente su eficacia es nula o ineficaz si no aislamos totalmente la zona que queremos climatizar, o hacemos un uso exagerado del aire acondicionado en verano. En resumen, la responsable del cambio climático es la acción humana, tanto de haberlo creado involuntariamente como de voluntariamente pararlo y obviamente unos más que otros.
El principal problema que creo que tenemos es la desinformación general acerca de los problemas ambientales y el hecho de no pensar en las posibles o, mejor dicho, las probables consecuencias de nuestra manera de vida actual. Seamos realistas, el cambio climático no es un hecho puntual, sino que va dejándose entrever sucesivamente con el paso de los años y cada vez con más frecuencia.
Unos países tenemos más suerte que otros, pero muchas de ellas ya son evidentes, como los huracanes, más visibles en zonas tropicales, o la gran cantidad de tormentas tropicales, que pueden generar inundaciones. O, sin ir más lejos, los fuertes terremotos de Haití y Chile habidos el 12 y 17 de febrero de este mismo año respectivamente.
También la subida del nivel del mar, por la que se verían afectadas grandes superficies costeras de todo el mundo y podrían desaparecer sumergidas bajo las aguas, que ascenderían de 0,5 a 2 metros en las próximas décadas. En total se verían afectadas 118 millones de personas. La temperatura de la superficie es más alta con el cambio climático, la humedad del suelo es más baja, la desertificación afecta al 70% de las tierras secas, es decir 3.600 millones de hectáreas o la cuarta parte de las tierras del planeta, que son el medio de subsistencia y abastecimiento de más de mil millones de personas.
Deberíamos pararnos a pensar todas las posibles consecuencias de la irresponsabilidad del ser humano con respecto al medio ambiente y, por consiguiente, al clima. Si se destruye la capa de ozono y los rayos ultravioleta del sol traspasan sin filtro la atmósfera y rozan la piel de cada uno de nosotros, se queman las capas superiores de queratina de la piel provocando un cáncer a la misma, es decir, una enfermedad a día de hoy incurable y mortal. Los rayos ultravioleta también favorecen, junto a las olas de calor, la aparición de incendios forestales.
Los culpables a los que se suele atribuir la culpa del cambio son los gobiernos, la gente en general, la industria… No estamos aquí para divagar inútilmente, lo cierto es que actualmente vivimos en una sociedad que, desgraciada y generalmente, pone más énfasis en su propio beneficio que en un bienestar mutuo. Lo cierto es que tanto gobiernos como gente de la calle somos personas, nadie podrá negar que el ser humano es el principal responsable de los trastornos ambientales del cambio climático.
Cada segundo que pasa es el futuro del anterior, y no se puede predecir el futuro pero sí hacer lo posible para planificarlo. El clima es el gran navío que va a la deriva tras perder el norte, todos y cada uno de nosotros somos esas pequeñas naves que, cooperando juntas, tienen la opción de esforzarse por encauzarlo o limitarse a observar cómo desaparece en el horizonte.
El Protocolo de Kioto es un compromiso para reducir durante el período 2008-2012 la cantidad total de emisiones de gases de efecto invernadero al menos un 5% respecto a los niveles de 1990, aunque los compromisos asumidos por cada Estado varían en función de una serie de parámetros de referencia. 39 países desarrollados, entre ellos España, fueron los que firmaron en 1997 este tratado internacional en la ciudad japonesa que le da nombre, Kioto. Concretamente, España se comprometió a no superar en más del 15% el nivel de emisiones de 1990.
Por parte de la población no es necesario un cambio drástico, no tiene que dejar de utilizar todo lo que usan a diario. De hecho, a veces mucha gente es incapaz de imaginarse sin ir en coche, sin encender el radiador cuando se hielan de frío en sus casas o, en un caso extremo, sin poder utilizar papel. Y no tienen por qué hacerlo, simplemente tienen que buscar alternativas responsables a su forma de vida actual, porque las hay y hacen posible que la evolución del ser humano sea sostenible.
Por ejemplo, cuando hacemos trayectos cortos está claro que es más cómodo coger el coche, pero es innecesario, podemos ir igualmente en bicicleta o, en su defecto, utilizar el transporte público. Como he dicho antes, deberíamos aislar puertas y ventanas cuando encendamos el aire acondicionado o la calefacción para una mayor efectividad, o regular nuestros radiadores a una temperatura ambiente de 20ºC. Las calefacciones eléctricas, de gas, carbón o gasóleo, es decir de combustibles fósiles, también emiten gran cantidad de CO2. Cuando no estamos en casa o vamos a dormir, aunque no lo sepamos, esa pequeña luz que tienen a veces nuestros televisores, equipos de música u ordenadores consumen inútilmente una energía que no consumirían si los apagáramos totalmente, simplemente necesitaríamos una regleta alargador que coordine todos nuestros enchufes con un solo interruptor para más comodidad.
Así pues, reciclar envases de papel, plástico y vidrio no nos cuesta nada, y el hecho de aprovechar al máximo las horas de luz natural y cuando encendamos la artificial hacerlo con lámparas de bajo consumo energético son acciones que a simple vista no, pero colectivamente le guiñan un ojo al clima y ayudan enormemente a frenar el cambio climático.
Una persona muy influyente en este fenómeno es Al Gore, político y empresario estadounidense, que recibió en 2007 el Premio Nobel de la Paz, junto al Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, por investigar el cambio climático, divulgar su conocimiento y señalar las bases para tomar las medidas adecuadas para contrarrestarlo.
Un año antes protagonizó el documental “Una verdad incómoda”, ganador de un Oscar y que trata sobre el cambio climático, del que culpabiliza a las personas y, concretamente, a sus industrias y gobiernos que lo generan. A su vez, invita a indagar en busca de energías renovables y no tan destructivas para la Tierra.
Según mi opinión, Al Gore estaba en lo cierto: como afirmó en uno de sus discursos, “La edad de piedra no se acabó porque hubiera falta de piedras”, es decir, no es necesario que se termine el petróleo para darnos cuenta de la importancia que tienen las energías renovables. A medida que crece la demanda de energía renovable, bajan los costos. Cuando aumenta el uso de carbón y petróleo, la contaminación también aumenta. Sin embargo, cuando aumenta el uso de las energías, la contaminación disminuye.
Son cosas que no se le pueden negar, pero tampoco vayamos a ponerle como salvador del mundo. Consiguió un Nobel de la Paz por la autoría de un buen documental pero, no obstante, cobra por cada una de sus conferencias que realiza un precio que me parece sumamente desorbitado para lo que hace.
Por último, lejos de buscar los culpables de esta situación con la mera intención de atribuirla a alguien e intentar lavarnos las manos, creo que sería más acertado buscar una culpabilidad constructiva para saber la causa del cambio y hacer lo posible por frenarlo o, al menos, disminuirlo. Somos libres de hacer lo que queramos, pero pienso que deberíamos autoimponernos a nosotros mismos la obligación de pensar no sólo en nosotros mismos y más en los demás y en nuestro alrededor. El cambio climático es un problema que nos concierne a todos.